lunes 9 de noviembre de 2009

¡¡¡YO, YO LE PUEDO DAR MI SANGRE!!!

fotografía: M.LUISA Cobián Aranda y . diseño : mlred



Beth estaba hospitalizada. Se encontraba mal. La edad no perdona y creía la familia que se acercaba el final.

Hablaban de que le habían sacado sangre y Peter -de 5 años- comprendió que su abuelita necesitaba sangre para seguir viviendo y sin pensarlo dos veces le dijo a sus padres:

-¡¡¡Yo, yo le puedo dar mi sangre!!!

TODOS LOS QUE ALLÍ ESTABAN QUEDARON MUDOS DE ASOMBRO. El más pequeño de la familia no quería que muriera su abuelita y comprendió lo del Evangelio... "Jesús dio su vida hasta el extremo".
¡Yo también puedo darle mi sangre a "abu"!

No creemos que nuestros peques asimilan mucho más de lo que pensamos o creemos en positivo y en negativo.

¡Ojalá que tengamos nosotros la prontitud para entregar LA VIDA que hemos recibido gratis al servicio de los hermanos que más lo necesiten!

Estos gestos pequeñitos construyen también un mundo más a imagen de como Dios lo creó. Y volvemos a pensar: No son sueños. Son realidades que van dando VIDA, que van alumbrando un mundo nuevo.

¿Cómo puede llegar a ser nuestro mundo si cada uno de nosotros entregáramos todo lo que somos y tenemos al servicio de los demás?

¿No se acabarían muchas guerras inútiles de poder, de armas, de violencia?


Violencia engendra violencia. Y la espiral va creciendo exponencialmente.


Amor y Paz también engendran más Amor y Paz.

viernes 6 de noviembre de 2009

SIEMPRE EN ACTITUD DE SERVICIO Y ATENTA A LAS NECESIDADES DE CADA UNO


Hace poco una anciana por tener años -más de 90- pero no por su actitud ni su apertura de corazón se levantó un poco o un mucho mareada y a punto de perder el conocimiento.

Ambulancia, UVI, servicios de Urgencia... Hasta entonces siempre, siempre había estado en actitud servicio -como dice san Lucas-: "Está como el que sirve". Y en el hospital aunque no podía, seguía preocupándose de todos:

Mira, le dijo a una de sus hijas:

-¡Es normal que a mi edad me vaya con Dios!

A otros:

-¡Cuidad de vuestros maridos e hijos!

A otro:

-Ya sabes. ¡Quiero recibir consciente los sacramentos! (Todos los días recibía al Señor en la Comunión y seguía la Eucaristía por la TV!)

Pasó varios días en la UCI de hospital en hospital con un problema cardíaco.

Una de sus hijas llamó al Capellán -como ella deseaba-. Y pudo contrarse con Dios a través los signos que la Iglesia nos dá: los Sacramentos. Sintió todo el amor de Dios en el sacramento del Perdón y la Eucaristía. Y la Unción de Enfermos la fortaleció internamente

Cuando pudieron pasar-pues solo podían hacerlo media hora por la mañana y media por la tarde- de dos en dos iban entrando.

A todos les admiró la luz que irradiaba. Era feliz y les dijo que fueran muy felices, que estuviéran alegres cuando se fuera, que le perdonaran de todo corazón, que ella siempre había querido amarles, pero si les había había herido por algo que la perdonaran de verdad. Y siguió hablando a cada matrimonio, unidos y por separado, diciéndoles a cada uno que se amaran mucho. Que hicieran uno al otro feliz y que así se construía la felicidad y el amor. Que se preocuparan todos los hermanos de todos; que dijeran a todos los nietos, primos y sobrinos que los quería muchísimo fueran o no a verla...

En fin... Que los hijos se fortalecieron en la fe y en el amor y ELLA da testimonio de Jesús a todo el que se acerca a la cama.

No saben lo que vivirá pero ninguno está triste. Todos la acompañan.

Parece una historia "de cuento" pero no: ES REAL. -DIOS ESTÁ-CON-NOSOTROS-.

jueves 22 de octubre de 2009

PADRE NUESTRO


Padre nuestro guíanos
en este escabroso suelo.
Con clemencia míranos.
¡Oh Dios que estás en los cielos!

Santificado por todos:
mujeres, niños y hombres
cantemos todos en coro:
¡bendito sea tu Nombre!

Que venga pronto tu Reino
que nos de paz y consuelo,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

El pan nuestro con afán
pedimos con alegría
esperando en tu bondad
nos lo des en cada día.

Dánoslo hoy con agrado
te suplicamos, Señor,
de nuestros muchos pecados
piadoso, perdónanos.

Nuestras deudas son,Señor,
con amor te suplicamos
nos perdones, así
como nosotros los perdonamos.

A nuestros deudores vamos
con gusto a hacerles merced,
de esta suerte esperamos
que no nos dejes caer.

En la tentación,Dios mío,
Tú nos tienes que amparar,
pues con amor te pedimos,
mas líbranos de ese mal.

Por las santísimas llagas,
por la ofrenda de la cruz,
de tu Hijo espero me hagas
y contigo amén Jesús.

(Esta mujer nació en el año 1895 y murió en 1979. Natural de Vianos, provincia de Albacete. Murió en Almansa de Albacete. Vivió desde los 15 años en Torre de Juan Abad, Ciudad Real, hasta un mes antes de su muerte que marchó con una hija que vive en Almansa. Tuvo una muerte de sufrimiento pero admirable. Yo, su hija Ceferina Sánchez recibí el último suspiro. Me dejó un inolvidable y grato recuerdo).

jueves 1 de octubre de 2009

LA FLOR DE LOTO SE RECONCILIA CON DIOS

CON QUINCE AÑOS ME PERDÍ

POR ESA DROGA MALDITA,

AMARGADO, ABORRECIDO,

ENFERMO, INCOMPRENDIDO.

DESEO SER COMO FUI,

NO QUIERO VIVIR ASÍ.


LA ALEGRÍA DE VIVIR

SE PERDIÓ EN MI JUVENTUD

LA PUREZA Y LA VIRTUD,

POR UNA VANA ILUSIÓN

ENFERMÓ MI CORAZÓN.

ESTA VIDA NO ES VIVIR,

NO QUIERO VIVIR ASÍ.


SÁCAME DE HONESTA MUERTE,

MI DIOS DAME VIDA

NO LA TENGO IMPEDIDA.

EN ESTE LAZO TAN FUERTE

JAMÁS YO QUIERO PERDERTE,

PERDÓN POR LO QUE FUI,

NO QUIERO VIVIR ASÍ.


¡AY QUE VIDA TAN AMARGA!

¡QUÉ TRISTE VIVIR ASÍ!

YO MI JUVENTUD PERDÍ.

POR ESTA MALDITA DROGA,

HOY ESTA PENA ME AHOGA,

SI MORIRSE NO ES MORIR

¡VEN PRONTO MUERTE POR MÍ!


POR SER MI MAL TAN ENTERO

¿QUÉ VIDA PUEDO TENER?

SINO MORIR, PADECER,

SI MUERO PORQUE NO MUERO,

MORIR POR AMOR SÍ QUIERO,

LÁSTIMA TENGO DE MÍ.


¡VEN PRONTO MUERTE POR MÍ!

ESTE POEMA ES UNA HISTORIA

QUE SUCEDIÓ AQUÍ EN MADRID,

PUEDO DAR BUEN TESTIMONIO

QUE YO MISMA LA VIVÍ.


ESTE CHICO A MI PUERTA LLAMÓ UN DÍA,

VENÍA DE LA DROGA ESTROPEADO,

ESTABA TIRADO EN LA CALLE

COMO PERRO ABANDONADO.


VENÍA BUSCANDO A MI HIJO

QUE DE LA INFANCIA CONOCÍA,

COMO SE ENCONTRABA MAL

POR VER SI LE SOCORRÍA.

YO LE DIJE: -¡PASA HOMBRE!

QUE YO TE VOY A AYUDAR

SI QUIERES DEJAR LA DROGA,

Y CON LA AYUDA DE DIOS

CREO LO CONSEGUIRÁS.


YO LE LLEVABA A PSICÓLOGOS,

A PASEAR POR EL PARQUE,

ME DIJO VARIOS SECRETOS

QUE NO LOS SABÍA NADIE.


UN PRIMER VIERNES DE MARZO

A LA IGLESIA DE MEDINACELI

LE LLEVÉ A VER A JESÚS,

CON QUÉ FE LE PEDIRÍA,

CRISTO LE QUITÓ LA CRUZ.


SE PASARON DOS AÑOS,

CAYÓ CON UNA INFECCIÓN,

ERA PORTADOR DEL SIDA,

Y EN SU VEINTICINCO CUMPLEAÑOS,

EL DÍA DE NAVIDAD DE 1988

MURIÓ EN EL HOSPITAL DE LA CONCEPCIÓN.


ESTA HISTORIA ES UN MISTERIO,

SI LO QUERÉIS COMPROBAR,

SI ALGUIEN ESTÁ INTERESADO

ME LO PUEDE PREGUNTAR,

DESDE QUE LE CONOCÍ

NUNCA SE VOLVIÓ A PINCHAR.

VIRGEN SANTA DE LA VEGA

ESTE AÑO CON MI PENA

NO PENSABA ESCRIBIR.

RUEGA POR LOS QUE MARCHARON

Y LOS QUE ESTAMOS AQUÍ.

Ceferina Sánchez Navarro


Madrid, a 8 de septiembre de 2007

Esta persona es un testimonio vivo del Evangelio,

antigua militante de la HOAC

y actualmente

LAICA REDENTORISTA

a sus 80 y pico años.

martes 22 de septiembre de 2009

Una Boda Especialmente Gozosa

Posted: 21 Sep 2009 07:13 PM PDT


Por Ron Rolheiser
Traducción Carmelo Astiz, cmf

La novia, joven, estaba maravillosamente radiante y sana, pero era una superviviente de cáncer. Hace cinco años utilicé esta misma columna para narrar un poco su historia. Permitidme que repita aquí algo de aquel relato, poniendo un poco al día la cronología:

Durante veinticinco años impartí un curso de verano en la universidad de Seattle. Uno de los gestos rituales que repetí durante esos veranos fue pasar la fiesta del 4 de julio con algunos amigos de mi familia en la isla de Bainbridge, a un corto trayecto en ferry desde Seattle. Esta familia tiene sus propios rituales y uno de ellos es ver el desfile del 4 de julio desde el césped frontal de una de las casas de sus amigos.

Hace diez años, cuando estaba yo sentado en aquel césped, esperando el desfile, me presentaron a la hija menor de la familia, Katie Chamberlin-Malloy. Estaba ella estudiando el último año de enseñanza media y era miembro del equipo vencedor de baloncesto de su escuela, pero también sufría de cáncer y del tratamiento debilitante de quimioterapia utilizado para combatirlo. Allí estaba ella, justamente con 18 años y con menos de cuarenta kilos de peso, envuelta en una manta en un día caluroso de verano, silenciosa y melancólica, mientras sus amigos, sanotes y robustos, bebían cerveza y celebraban la vida. Las cosas no parecían ir bien, entonces. El pronóstico médico a largo plazo era dudoso, a lo más; y su cuerpo y su espíritu no lo desmentían, aunque amigos y familiares sí lo contradecían. Por todos los lados estaba rodeada de atención, afecto y preocupación. Estaba muy enferma, pero era muy querida.

Aquel día la conocí, y en los meses y años siguientes llegué a conocerla mucho más. Su familia y muchas otras personas oraron fuerte por ella, avasallando el cielo buscando una curación. Esas oraciones, junto con el tratamiento médico, finalmente fueron efectivas. Ella se aferró a la vida contra toda esperanza (frente a fuerzas hostiles mayores), fue mejorando lentamente, y, después de muchos meses, emergió sana, íntegra de nuevo, de vuelta a la normalidad, aunque, cuando has mirado a la muerte fijamente a la cara, “lo normal” ya no es nunca lo mismo del todo.

Cuando volvió finalmente a empezar su vida (recogiendo las piezas de su vida anterior), se dio cuenta de que, mientras las cosas eran lo mismo de nuevo, eran también muy diferentes. Tras tal experiencia límite frente a la muerte, la vida ordinaria ya no es algo que tomas por sentado y a la ligera; hay una alegría más profunda en todas las cosas ordinarias y un nuevo horizonte, sabiduría, madurez e intención, que antes no existían. Dios escribe recto con líneas torcidas y a veces el cáncer, tan terrible como es, da más de lo que recibe.

La recuperada salud de la joven Katie fue más que física. Fue también algo del alma, un bronceado moral, una profundidad, una honda sabiduría. Cuando le preguntaron en una entrevista pública si, dada una posible elección, cambiaría la anterior enfermedad con el fin de tener la vida que hubiera podido tener sin ella, replicó. “No, no la cambiaría. Por medio de ella aprendí lo que es el amor”. El amor que experimentó cuando estuvo enferma le enseñó que hay peores tragedias en la vida que adquirir cáncer.

John Powell escribió una vez un extraordinario librito titulado “Amor Incondicional”, la historia de Tommy, un antiguo estudiante suyo que murió de cáncer a los veinticuatro años. Un poco antes de su muerte, Tommy visitó a Powell y le dio las gracias por una bella idea que había captado una vez en una de sus clases. Powell había dicho a la clase: “Solamente hay dos tragedias posibles en la vida, y morir joven no es una de ellas. Es una tragedia morir y no haber amado, y es también una tragedia morir y no haber expresado tu amor a los que te rodean”.

Los doctores que investigan sobre el cerebro humano nos dicen que empleamos solamente alrededor de un 10% de nuestra capacidad radical cerebral. La mayoría de nuestras células cerebrales nunca se activan, sea porque no las necesitamos (existen para la sabiduría más que para la utilidad) o sea porque no sabemos cómo acceder a ellas. Los mismos doctores nos aseguran también que, paradójicamente, dos cosas nos ayudan a tener acceso a esas células especiales: la experiencia del amor y la experiencia de la tragedia. Profundo amor y profundo dolor, juntos, hacen profunda un alma, de tal forma que ninguna otra cosa puede hacerla. Eso explica por qué Santa Teresa de Lisieux fue doctora del alma a sus veinticuatro años. Eso explica también la sabiduría con la que nuestra joven Katie vive ahora el resto de su vida, con la que reta suavemente a sus amigos y con la que irradia luz al mundo.

Hace diez años, un tumor cerebral robó a una muchacha su juventud y sus sueños. Sentía ella dolor, decepción, depresión, algo de amargura, escasa esperanza. Parecía que todos tenían más suerte que ella. Eso fue entonces.

Hoy, una joven radiante, una maestra bien dotada (especializada en “Necesidades-Especiales”), Katie Chamberlin-Malloy, está de luna de miel, feliz, sabia, planificando su vida, después de aprender en edad tan joven lo que la mayoría de nosotros aprenderemos sólo al morir, es decir: que se ve mucho mejor la vida ordinaria con un horizonte mayor como fondo, que la vida es más profunda y está más colmada de alegría cuando no se la toma a la ligera, que el amor es más importante aún que la salud y que la vida misma, - y que todos los cuentos de hadas acaban en boda.

lunes 21 de septiembre de 2009

¡FELICES LOS LIMPIOS DE CORAZÓN!


- Hija, hemos decidido tu padre y yo que te cases con Umugabo Karoli.
- Pero ¡mamá! ¿A estas alturas queréis imponerme la persona con la que convivir toda mi vida?
Pasó el tiempo y seguían insistiendo.
Y Mukakabera no estaba conforme.
Llegó un día en que avisaron a una comunidad distanciada en kilómetros de que iría una chica a pasar un tiempo.
Un cura amigo le echó una mano y Mukakabera pudo respirar después de un tiempo porque pasaron antes muchos meses de angustia hasta que la familia aceptó su decisión. ¡Tenía 27 años!
Una liberación, signo o gesto del Reino de Dios:
¡Dichosos los que no se imponen por la fuerza!
¡Felices los limpios de corazón porque ellos ven el paso de Dios en sus vidas!

sábado 19 de septiembre de 2009

PERMANECE LO QUE TIENE VALOR DE RESURRECCIÓN


Conocimos a Consuelo. Vivía en un cuarto de una casa desahuciada y vieja pero que tenía una especie de claustro – patio en madera muy antigua y como iba a ser restaurada vivieron bastante tiempo allí.

En los inviernos pasaba una humedad espantosa. Se le metía por los huesos y ella -que tenía el corazón y los pulmones enfermos- aguantó el tirón y un invierno más renqueando. También estaba prácticamente ciega. ¡No tenía más de 60 años pero daba la sensación de que rondaba los 80! Después de muchos tiras y aflojas, llegó el día que tuvieron que dejar la casa pues ya corría serio peligro. Llegaron a un acuerdo y pasó a un bajo de una casa más nueva. ¡Y todos los que la rodeaban estaban felices de ver cómo había mejorado!

Su salud se sequía deteriorando pero no sé cómo sacó fuerzas de debilidad para acoger a un hijo alcohólico. Un día sí y otro no había tensiones y problemas en esa casa. La madre sufría en silencio. Y una vecina que nunca se destacaba exteriormente por hacer nada especial cuidó como una madre a Consuelo y a su hijo. Digo exteriormente porque ella siempre estaba atenta a percibir lo que los otros necesitaban de ella. Esta es de las personas mayores de los pueblos que estaba siempre dispuesta a servir, dando un ungüento en una herida o haciendo un caldito o una comida al que lo necesitaba. Y así hacía con Consuelo cada vez que se le agrietaban las heridas.

Un día hospitalizaron al hijo con una cirrosis terminal. No tenía más de 40 años. Con su cabeza perdida se escapó del hospital prácticamente desnudo. Pues Isabel fue la única que se atrevió a cogerle y “arreglarle”. ¡Había vivido cerca de 40 años con un marido enfermo psíquicamente! Y había aprendido toda la ternura del mundo para con los que la rodeaban.

Este es el testimonio -como el de muchos y muchas que no hacen ruido pero que construyen el mundo.

Lo que es verdadero permanece y tiene valor de Resurrección, de VIDA ETERNA, ¿no lo crees?

Para mí no son sueños estas experiencias pues fortalecen nuestra esperanza, son SIGNOS Y GESTOS DE UN MUNDO NUEVO, UNA CIUDAD NUEVA DONDE NO HABRÁ MUERTE NI DOLOR. Cfr. Apoc. 21